Memoria de los conciertos


  • ASISTENCIA / 259
  • DURACIÓN / 1:30’
  • VALORACIÓN DEL PÚBLICO / Muy BUENA

RETOS PARA 2018
En el programa del pasado 2 de noviembre de 2017–
RASTRELLI CELLO QUARTET – exponíamos el
“Deseo Innovador” de la actual directiva de esta
Sociedad Filarmónica en la programación de cara al
175 aniversario en el año 2020. Para ello, comenzábamos
hablando de la actual temporada, concretándonos,
aún más, en el marco de actividades a
desarrollar durante el primer semestre de 2018.
Decíamos entonces: “en agosto de 2018 se celebrará
el centenario del nacimiento del compositor
norteamericano Leonard Bernstein. Un motivo más
que atrayente para ofrecer una buena muestra de su
obra a base distintos intérpretes y agrupaciones… A
cuenta del centenario del autor de “West Side Story”
se podría contemplar la programación de otros
compositores de todo el continente americano – tanto
del norte, como del centro y sur – para así iniciar y
continuar dando cabida en la temporada siguiente a
todo ese raudal de Música Americana… Y si a todas
esas consideraciones sumamos el centenario del
fallecimiento del músico francés Claude Debussy en
el mes de marzo, se podrá dibujar una más que
atractiva temporada de conciertos”.
Ese es el deseo que nos ha guiado de cara a la
programación de actividades del primer semestre de

Actividades que, como puede apreciarse, se
desarrollarán en tres marcos diferentes: el primero, el
ya habitual del Teatro Pérez Galdós / Auditorio
Alfredo Kraus, en donde se ofrecerá lo que podríamos
llamar la programación “de siempre”. El segundo,
el Paraninfo de la Universidad de Las Palmas de
Gran Canaria, orientado a establecer una relación
creciente con el público universitario. Y el tercero, el
CICCA, sede para conciertos/conferencias y proyecciones,
en el que, para el mes de abril, estrenaremos
el ciclo de “Compositores españoles en el exilio”.
Como toda esta actividad queremos llevarla a cabo
con el concurso de nuestros asociados, es por lo que
insistimos en la necesidad de atraer nuevos socios a
la Filarmónica. Para ello recordamos las campañas
que están en marcha. La primera: el socio que dé de
alta a tres personas no pagará cuota durante un año.
Y la segunda: apelar a la buena voluntad de nuestros
asociados con objeto de que cada uno haga “un
nuevo socio”. Por otra parte, tratamos de popularizar
los bonos por temporada que se han puesto a
disposición, preferentemente, de extranjeros y
turistas, que, no deseando ser de la entidad, quieren
disfrutar de nuestra programación. Como resumen
de este deseo está la realidad del número de
nuestros asociados al 31 de diciembre de 2017: 566.
¡Intentemos alcanzar la cifra de 750!
Las hermanas Bizjak son las primeras intérpretes
que vienen a colaborar en los centenarios de Claude
Debussy y Leonard Bernstein. Nacidas ambas en
Belgrado y con un amplio currículum, interpretarán
un programa a base de las siguientes obras.
Claude Debussy (1862-1918): En blanc et noir. Se
trata de tres “caprichos” escritos para dos pianos en
el verano de 1915. Un momento en que la enfermedad
ha hecho su aparición en el compositor, que, por
otro lado, se siente angustiado por la guerra que
padece su país. Fueron interpretados en la casa
Durand por el propio Debussy, acompañado por el
pianista Louis Aubert. Precisamente, a la memoria de
su amigo el teniente Jacques Charlot caído en el
frente está dedicado Lent. Sombre, una de las
grandes páginas trágicas del compositor inspiradas
por la guerra. Según el propio Debussy, “estas piezas
quieren ser por el color y la emoción que imprime el
piano como el gris de Velázquez”.
Serguei Rachmaninov (1873-1943): Suite para dos
pianos nº 2, op. 17. Compuesta por el compositor
entre diciembre de 1900 y abril de 1901, la interpretó
en unión del pianista Alexander Goldenweiser, al que
está dedicada. Por coincidencia de fechas, hay que
decir que, a finales de 1901, Rachmaninov estrena
su célebre Concierto para piano y orquesta nº 2, op.

La partitura de la Suite nº 2 está compuesta de
una introducción (marcha), seguida de un vals
(presto), una romanza (andantino) y termina con la
tarantela (presto), sobre una melodía napolitana, de
constante presencia en el repertorio de la música
para dos pianos.
Leonard Bernstein (1918-1990): West Side Story.
Una de las primeras entrevistas hechas a Bernstein
dentro de sus estancias en Gran Canaria, la realiza el
diario “El Eco de Canarias” el 1º de abril de 1973;
está firmada por José Martín Ramos y sucede
momentos antes de tomar el avión para regresar a su
país. En esos instantes el músico ha compuesto gran
parte de su obra. Su célebre West side Story hace
muchos años que se tararea por todo el mundo: el
espectáculo teatral, estrenado el 26 de septiembre
de 1957 en el Winter Garden Theatre de Nueva York,
ha sido llevado al cine en 1960. Con el tiempo se
harán diferentes versiones con los temas principales
de la partitura. La que presentan las hermanas Bizjak
para dos pianos es de John Musto
Maurice Ravel (1875-1937): La Valse. Entre las
piezas orquestales más famosas del músico francés
se encuentra La Valse. Escrita en 1919, estrenada un
año después y rechazada por Diaghilev para su
compañía de “Bailes Rusos”, es el propio Ravel el
que dice de ella: “Concebí la obra como una suerte
de apoteosis del vals vienés, al que se mezcla, en mi
espíritu, la impresión de un remolino fantástico y
fatal. Sitúo este vals en el marco de una corte
imperial, hacia 1855”. La versión de esta célebre
partitura para dos pianos es del mismo M. Ravel.


  • ASISTENCIA / 559
  • DURACIÓN / 1:30’
  • VALORACIÓN DEL PÚBLICO / Muy BUENA

Del estilo galante a la música contemporánea,
pasando por la Rusia soviética en un programa
ecléctico para la Filarmónica.

El día 4 de diciembre, en el Teatro Pérez Galdós actúa el
conjunto español de música de cámara Sonor Ensemble,
esta agrupación fue fundada por Luis Aguirre, director, y
José María Mañero, violonchelo en el año 2004 con
integrantes de la Orquesta Nacional de España. El resto de
la plantilla está formada por el soriano Jesús Ángel León,
violín concertino y solista, la moldava Luminita Nenita al
violín, Virginia Aparicio con la viola, Bárbara Veiga al
contrabajo y Sebastián Mariné al piano; todos estos
profesores han actuado como solistas en innumerables
conciertos.
El programa que van a escuchar comenzará con la obra de
Luigi Boccherini (1743-1805), compositor italiano radicado
en España, La Música nocturna de las calles de Madrid de
la que se podrá escuchar los movimientos del Minueto de
los ciegos, la Jota, los españoles se divierten y la Retirada,
obra muy conocida por haberse oído en la banda sonora de
la película Master and Commander y en otros programas
de televisión.
La segunda pieza fue compuesta por el cubano Eduardo
Morales-Caso (1969) Hacen andar la piedra del molino
(Capítulo VIII. Don Quijote), inspirada en la obra de Cervantes.
El compositor cubano es el más joven de los autores
que integran las obras del concierto y ha sido interpretada
numerosas veces tanto en Europa como en América.
Antes de finalizar la primera parte se podrá oír la Suite de
“El Tábano” de Dmitri Shostakovich (1906-1975), compuesta
en 1955 para la película El Tábano, basada en un folletín
decimonónico sobre un héroe emboscado que lucha contra
la opresión austríaca en Italia, con los siguientes movimientos
Obertura, Contradanza, Galop, Romanza y Fiesta
popular. La Romanza está considerada como una obra de
arte de la música cinematográfica.
La segunda parte se inicia con la pieza de Joaquín Turina
(1882-1949) Rapsodia sinfónica para piano y cuerdas
op.66, con la interpretación al piano por Sebastián Mariné.
Le sigue las obras de Ernesto Halffter (1905-1989), el
compositor del grupo de los Ocho del Madrid republicano y
único alumno de Manuel de Falla, con dos piezas Serenata
a Dulcinea y Habanera con la ejecución de José Ángel
León (1956) al violín, precisamente este músico va a ser el
compositor del encargo de las siguientes piezas, Dos
Danzas argentinas, La Milonga del Morocho y Tango para
Ana Magdalena.
Cerrará el concierto dos piezas del Amor Brujo de Manuel
de Falla (1886-1946), nuestro compositor más universal,
Pantomima y Danza ritual del fuego, archiconocidas y muy
del agrado de nuestro público.
Espero que nuestros socios puedan disfrutar de una de las
mejores agrupaciones de cámara españolas del momento,
deseando que el concierto sea un éxito.
Juan Bethencourt.


TEATRO PÉREZ GALDÓS / 28 DE NOVIEMBRE 2018


  • ASISTENCIA / 558
  • DURACIÓN / 1:30’
  • VALORACIÓN DEL PÚBLICO / Muy BUENA

NOTA AL PROGRAMA

RACHMANINOV A PESAR DE TODO Y DE TODOS.
Leí a un crítico con asombro, hace ya algún tiempo, que Tchaikovsky y Rachmaninov no habían aportado nada a la música. Terrible y sesgada opinión. Háztelo mirar, diría yo.

El crítico actual no está para instruir sino para aclarar. No debe descalificar la creación sino la interpretación y más si esas obras superan su edad. Si no le gusta una obra, con decir ‘no me gusta’ es suficiente.

Lo cierto es que, a pesar de que al público le gusta su música, a ojos de muchos músicos, profesionales y especialistas Rachmaninov era ”una nulidad como creador que depositaba sus lágrimas a los pies de Tchaikovsky”. Se le acusaba de sentimentalismo, banalidad, etc. Creo que es exagerado. Si su obra no tuviese nada que decir, habría desaparecido.

Rachmaninov fue un magnífico y genial pianista, aparte de compositor. Las obras que sonarán aquí, está noche, pasaron y revivieron en sus manos. Chopin, junto con Liszt, son caballos de batalla para cualquier intérprete. Rachmaninov, como concertista, los tenía en su repertorio habitual. Eran, según parece, versiones muy románticas, a veces exageradas y explotando todo su virtuosismo. La mazurca es una danza tradicional polaca mucho antes de
que Chopin le dedicase la atención. Hechizó al compositor, que vivió gran parte de su vida fuera de su Polonia natal. Su mazurca más antigua conocida es de 1820, cuando tenía sólo nueve años. Durante su vida, compuso más mazurcas que ningún otro tipo de piezas. Chopin sacó de sus raíces este simple baile de tres por cuatro, con su característico acento, y lo introdujo en los más sofisticados salones de la época. Técnicamente, algunas mazurcas pueden estar al alcance de cualquier aficionado con talento, pero interpretativamente son exigentes hasta el extremo, y se necesita mucha sofisticación pianística para acercarse a un resultado satisfactorio. Musicalmente,
son muy estilizadas y a veces muy experimentales en sus progresiones, armonías y melodías, y el secreto de una gran interpretación está en captar este aspecto, además del espíritu de la danza. Las mazurcas Op. 59 están emplazadas entre la Tercera Sonata y la Barcarola Op. 60. Reflejan el particular estado de ánimo que atraviesa Chopin cuando las compuso. “En estos momentos no estoy del todo en mí mismo. Como de costumbre, ando por mundos extraños, quizás espacios imaginarios. Pero no me avergüenzo de ello. Me siento un verdadero mazorviano, y desde este sentimiento he compuesto, sin pensarlo demasiado, tres nuevas mazurcas”. Así escribía el
compositor en julio de 1845. La Mazurca el La menor es refinada con una extensa sección central que rebosa elegancia. La sencillez de la mazurca en La bemol mayor N. 2, oculta una estructura tripartita tonal interna que, sin embargo, fluye con exquisita dulzura. La última Mazurca de este opus, fue la primera que se compuso. Es la más ‘eslava’ de las tres. Sobre un inconfundible ritmo de danza, Chopin desarrolla un motivo pintoresco que es la
esencia melódica de la pieza. Las sonatas de Mozart fueron infravaloradas durante mucho tiempo. Por fortuna, después de la Segunda Guerra Mundial, los principales concertistas, desde Kempf, Lili Kraus o Serkin hasta Brendel, Barenboim, Perahia, Uchida o Maria Joao Pires han corregido este desequilibrio. Estas piezas, a diferencia de las Sonatas de Beethoven, han sufrido por no haber sido continuamente desarrolladas como colección. Mozart
alimentaba de manera irregular su catálogo de piano sólo. El gran pianista mozartiano Arthur Schnabel dijo acerca de estas Sonatas que eran demasiado fáciles para los niños y demasiado difíciles para los adultos. Antes de la guerra, pocos eran los pianistas que interpretaban con asiduidad obras de Mozart en los escenarios. Rachmaninov fue uno de ellos. Cuentan que sus versiones fueron siempre transparentes, pero románticas. Dándole una energía
quizás excesiva y proponiendo a Mozart como un antecesor de Beethoven. Esta Sonata era una de sus favoritas. La Sonata en La, K. 331 es célebre por su final, la famosa ‘marcha turca’. A pesar de su excesiva fama y vulgarización, la
obra es de gran sutileza y de corte muy original. Comienza con un Andante de ágiles variaciones sobre un tema puro. Sigue con bello y gran Minueto central cuya nobleza carece de toda pompa y se despliega sin renunciar en ningún momento a su gracia. Finalmente, la Marcha Turca, cuyos acentos atronadoresy bárbaros son llevados con extremada delicadeza. Mozart utilizó todos los clichés de la ‘música turca’ de la época. Alternancias tajantes de ‘forte’ y de ‘piano’, de tono mayor y menor, dándole a toda la pieza un brillo lleno de humor. Rachmaninov y Scriabin se conocieron en las clases de piano de Nicolai Zverev. Rachmaninov tenía doce años y Scriabin trece. También estuvieron juntos en el conservatorio, pero al concluir y ser premiados por sus trabajos, se separaron. Rachmaninov tenía un carácter agrio, taciturno, de pocos amigos. Obstinado, pero sereno. Todo lo contrario a Scriabin. El fracaso de su Primera Sinfonía fue, para Rachmaninov, un antes y un después. Decidió no arriesgarse, incluso se planteó  dejar la composición. El éxito de su Segundo Concierto para piano, le marcó el esquema para componer y no salirse nunca
de esa línea. Scriabin, en cambio, se lanzó a experimentar. Creído de un don y refugiado en un creciente misticismo, fue original, revolucionario, fascinante y enigmático en muchos de sus logros. Aún queda mucho que apreciar, pianísticamente hablando, en la obra de este vivo hombrecillo rebelde. Ambos fueron grandes concertistas. Rachmaninov interpretó obras de Scriabin, sobre todo las de la primera época. Scriabin jamás tocó una obra de su compañero de clase. Las Sonatas para piano de Alexander Scriabin, como sus Preludios, abarcan toda su vida creativa. La primera de sus sonatas publicadas, la N. 1 en fa menor, Op. 6, se escribió en 1892, cuando tenía veinte años. La última, la N. 10, Op. 70, la completó en 1913, dos años antes de su prematura muerte, y es la culminación de cinco originales de un sólo movimiento que compuso en un arranque de inspiración. Pero antes de estas revolucionarias y expresionistas obras, creó cinco anteriores donde destaca esta Segunda Sonata N. 2 ‘Sonata – Fantasía’. Fascinado por la Sonata ‘Claro de Luna’ de Beethoven, Scriabin crea un extenso movimiento lento, sinuoso y romántico con momentos de dramática tensión. Y acto seguido, cierra la obra de forma rápida y brillante con un breve, pero efectivo ‘Presto’. Denota también está pieza el extenso estudio que realizó Scriabin de la obra de Chopin que, además,
interpretaba asiduamente en sus conciertos. Las grandes obras para piano de Rachmaninov no han tenidoun éxito tan uniforme como sus miniaturas, en especial los’Preludios’. No obstante, la Sonata para piano N. 2, la máspopular de sus grandes obras para piano, resume el estilo  maduro del compositor. Sus tres movimientos combinan impulso dramático, lirismo conmovedor, virtuosismo, intrincada polifonía y complejas relaciones estructurales y temáticas.   la obra es un microcosmos de material musical vivo, el cual está interrelacionado entre sí. Al nervioso, bravo y lírico movimiento inicial, le sigue un fragmento lento y por momentos dramático. El desbordante final reafirma y cierra con  la obra. A pesar de su unidad orgánica y sus credenciales pianísticas, Rachmaninov no estaba contento con esta Sonata. Él sufría frecuentes  dudas creativas y crisis de confianza. Quería cortar la obra y aligerar la polifonía, que le parecía excesiva. Pero a Rachmaninov no se le daba bien cortar una obra que había compuesto él. La versión revisada de 1931 es más tersa y menos densa, pero muchos opinan que el compositor se excedió y suprimió material importante. No puedo cerrar estas notas sin comentar que la obra de Rachmaninov goza de la misma popularidad que siempre tuvo, que su música rehúsa obstinadamente a desaparecer. Los pianistas jóvenes la tienen en su repertorio e incluso cierran programas como es este caso, después de Mozart, Chopin y Scriabin. Y lo “doloroso”, para muchos críticos y expertos, es que no hay signos de decaimiento en el fervor que se le tiene. Rachmaninov a pesar de todo y de todos.

Sebastián León.


CRÍTICA

EL PIANISMO ARQUITECTÓNICO DE DMITRY SHISHKIN

G.García-Alcalde

Tres sonatas en un recital anuncian en principio la autoexigencia del intérprete. Dmitry Shishkin, pianista ruso de 26 años, bordó las de Scriabin y Rachmaninov pero no convenció en la de Mozart, aparentemente más “fácil”. Una sonoridad muy mozartiana,  con peso digital bien controlado y fraseo correcto, no bastó para remontar la sosería y el descuido de un “toucher” poco limpio. Y es una Sonata, la número 11, cuya genialidad innovadora está opacada por la popularidad del último movimiento, la tópica “marca turca” que, significativamente, fue lo más atropellado.

Las esferas romántica y tardorromántica son las más afines a Shishkin. En ellas vuelca sus códigos personales con una técnica poderosa. De las diez sonatas de Scriabin, es la segunda , formidable, la más elocuente en la agónica lucha por superar el siglo XIX y ubicarse en el XX con todos sus conflictos armónicos e ideológicos. La interpretación estuvo a la altura de la obra y de su abigarrada grandeza. Sobrado de virtuosismo,  el intérprete hizo sonar los colores y volúmenes de un expresionismo “avant la page”.

Y con la también segunda de Rachmaninov construyó una imponente arquitectura en la que el tematismo melódico cede su primacía a los grandes gestos estructurales. Es el pianismo “sinfónico” extendido a todas las octavas del instrumento y volcado en la expresividad de la técnica trascendental que no se agota en sí misma, sino que erige una teoría de los colores y volúmenes tan variada como coherente. Magnífica ejecución, en los límites de lo que dos manos pueden  hacer.

Entre las sonatas escuchamos las tres Mazurkas Op.59 de Chopin, piezas de madurez que el intérprete supo limpiar de sensiblería para buscar en los delicados ecos escondidos bajo la línea principal el acento nostálgico de la patria polaca. Una página raveliana de gran compromiso fue el regalo ganado por los aplausos del público.

 


  • ASISTENCIA / 365
  • DURACIÓN / 1:40’
  • VALORACIÓN DEL PÚBLICO / BUENA

DESDE RUSIA CON AMOR, PASANDO POR PARÍS.

Este guiño inicial, a lo James Bond, sólo intenta llamar la atención sobre la relación que hubo, intensa y fructífera, entre un país y una ciudad. París provocó, y aún provoca, un enorme atractivo para cualquier persona sensible a la cultura. En el caso de Rusia y los países eslavos, su fascinación se remonta a la época napoleónica e incluso antes. Sabido es que el francés fue, antes de la llegada del inglés, el idioma de la corte, de la aristocracia y de las relaciones políticas en Europa.

El enorme atractivo de París para todos los compositores rusos y eslavos fue indudable en el siglo XIX y principios del XX. Incluso hoy, París sigue siendo un importante centro cultural y un laboratorio musical para los nuevos creadores. Todos los compositores que sonarán esta noche fueron a París en algún momento, vivieron allí, se formaron allí, estrenaron sus obras allí e incluso murieron en la capital francesa. La influencia de París en la vivencia diaria y el carácter de estos compositores marcará definitivamente la Historia de la Música.

De las oleadas eslavas hacia la ciudad de la luz habría que remontarse a la mitad del siglo XIX, a ese deseo de triunfar en Viena y París de los creadores más allá del Rhin y del Danubio. Liszt y Chopin apostaron por hacerse un nombre en París, viviendo incluso como hijos adoptivos de Francia. Pero fue la Compañía de los Ballets Rusos con Diáguilev (1872-1929) al frente quiénes, al desembarcar en París en 1909, creó todo un fenómeno artístico, musical y cultural. Tal fue su revulsivo que, aún hoy, se habla, se imita, se regresa a sus coreografías y se añora aquel esplendor.

Pocos son los pianistas que afrontan un programa tan valiente. Valiente porque lo espectacular puede eclipsar los matices. Un reto así sólo se puede entender desde la técnica, la inteligencia, la constancia, el esfuerzo y la juventud.

No es de extrañar que el recital comience con una pieza de un compositor rumano como el intérprete. George Enescu (1881-1955) fue compositor, violinista, profesor, pianista, director, violonchelista, prácticamente no hay ningún campo que no dominara. Probablemente, el mejor músico que ha dado Rumanía dividió su carrera musical entre su tierra natal y París donde fallece. Alumno de Faure y Massenet y formador de grandes violinistas como Arthur Grumiaux y Yehudi Menuhin, entre otros. Tuvo la suerte o la desgracia de componer su archiconocida ‘Rapsodia Rumana’ de 1901. Esta es una de esas piezas que consigue tal fama que el compositor lamenta haberla escrito, porque eclipsa completamente el resto de su obra en el imaginario del público. Sin embargo, su producción es extensa y variada con tres sinfonías, una ópera (Edipo), una amplia música vocal y de cámara y múltiples piezas para violín y para piano.

Siete piezas repletas de fantasía componen la Suite para piano N. 3 ‘Piéces impromptues’, op. 18. Piezas con diferentes influencias que van desde Rachmaninov hasta Richard Strauss, pasando por Mussorgsky. El ‘Carrillon Nocturne’ que cierra la Suite, se suele interpretar como pieza separada y anuncia la música de Messiaen con sus personales acordes.

Contra toda evidencia, Modesto Mussorgsky(1839-1881) desordenado, holgazán, dipsomano, no hizo honor nunca a su nombre y se creyó en la poderosa eficacia de su originalidad única y en su ego inspirado. Por eso no es de extrañar el que la serie de intentos por lograr la obra de su vida, por medio de retocar y perfilar dando forma, haya sido superior a su misma producción total. ¿Qué sería de sus óperas sin Rimsky-Korzakov?. ¿Dónde estarían hoy los ‘Cuadros de una exposición’ sin la genial y caprichosa orquestación de Ravel? Aun así, Mussorgsky, será con su “Boris” una inmensa sombra para las creaciones musicales posteriores. Desde un tema al final de la Segunda Sinfonía de Sibelius a las claras alusiones en la obra de Shostakovich (Largo de la Quinta Sinfonía, Cuartetos de Cuerda, etc.), pasando por la vocalidad del “Pelleas” que el propio Debussy reconocía.

Cuando en 1874 Manet cuelga en la casa de Durán en París un cuadro titulado ‘Sol naciente – Impresión’, al día siguiente nace el Impresionismo. Verlaine escribía ese año ‘El arte poético’, Bizet terminaba ‘Carmen’ y Mallarmé soñaba con ‘La siesta de un fauno’ que publicaría en 1876. Veinte años después Debussy crearía su paráfrasis musical sobre el poema de Mallarmé, rompiendo moldes en la música. Todo esto viene a confirmar que uno de los tornillos o tuerca del engranaje del Impresionismo Musical fue el nada modesto Mussorgsky.

Así, veinte años antes que estallase la querella entre impresionismo y naturalismo (al que hay que unir su primo latino, el verismo literario y musical) es fácil ver en la obra de Mussorgsky qué afinidades unían en el embrión a estos dos movimientos artísticos, encaminados tanto uno como el otro a descubrir por la magia de los sonidos objetos y sentimientos.

‘Cuadros de una exposición’ es una obra pianística que rompe todas las reglas estatutarias de una obra de piano. En ella se pone de manifiesto un talento elemental que exige del intérprete menos recursos técnicos que compromiso psicológico. Nace a raíz de una exposición homenaje a su amigo Viktor Hartmann, recién fallecido. Muy afectado, decidió preservar las impresiones de lo que vio en un ciclo para piano compuesto por representaciones musicales, separadas gran parte de ellas por “paseos” (Promenade), como si el oyente se desplazase desde un cuadro hasta el siguiente. No hay espacio para ahondar en cada uno de los números que contienen una magia incontestable. Un ciclo que se debate entre lo místico y lo impresionista, entre el realismo y los más sutiles experimentos sonoros y que, curiosamente, no ha hecho jamás escuela.

Serguei Prokofiev(1891-1881) no sólo se enamoró de París sino que la visitó asiduamente y terminó viviendo allí seis años. El ‘enfant terrible’ del piano ruso fue un hombre de éxito hasta que la suerte giró en su contra. Mimado desde la infancia, educado entre algodones, inteligente, culto, privilegiado, se permitió el lujo de ser rebelde e inconformista. El tiempo le enseñará lo contrario en su madurez. Occidente tenía a ‘su’ ruso en Stravinsky, su tierra a Shostakovich; el autoexilio no le ayudó, su regreso a la Unión Soviética tampoco, su primera mujer fue acusada de espía y enviada a un gulag, Stalin y su ‘plan cultural’ lo atemorizaba y lo controlaba y, para colmo, falleció una hora antes que Stalin. Su muerte pasó desapercibida. Esta Sonata se terminó el 28 de Agosto de 1912. Fue una pieza a la que recurrió en muchos de sus recitales porque, según él, demostraba su carácter y su virtuosismo. La influencia de Stravinsky se hace palpable desde el comienzo donde el ritmo crece obstinado en el primer movimiento. El ‘scherzo’, circense e irónico, es un incontenible ritmo de marcha característico en toda su producción. El humor que desprende será siempre una seña de identidad y, pese a su juventud, es uno de los ‘scherzos’ más finos realizados por el compositor para piano. El tercer movimiento explora el lado oscuro y místico del joven Prokofiev, demostrando la capacidad de expresar profundas emociones. El final, algo bárbaro como era habitual en él, se desplaza entre un ritmo sincopado, energía pura y un virtuoso efectismo para recibir la ovación del público. No olvidemos que la fuente principal de ingresos de Prokofiev eran sus recitales pianísticos y más, a los veintiún años.

Después de Prokofiev, los tres Preludios de Scriabin (1871-1915) conforman un hermoso valle donde la alargada sombra de Chopin aparece en el N. 9, donde Debussy y Satie se anuncian en el N. 10 y donde un romántico lirismo se consuma en el N. 11. Scriabin, a diferencia de Prokofiev, con el cual no congeniaba en absoluto, visitó París para dar conciertos y hacerse un nombre. Poco valorado por la mayoría, su aportación es fundamental para entender la evolución pianística del siglo XX.

Díáguilev hizo que París descubriera Rusia como una fuerza de hermosa y sana barbarie, rebosante de nuevos gérmenes que fecundaron el pensamiento musical de occidente. Un año después de su llegada a París, Diáguilev andaba a la caza de nuevos compositores para sus ballets. Fue el empresario el que tenía en mente una fantasía sobre la leyenda folclórica del Pájaro de Fuego. Stravinsky(1882-1971), con veintiocho años, fue el elegido y está obra fue su carta de presentación y su entrada en la Historia de la Música.

El ‘Pájaro de Fuego’ es un brebaje mágico: hechicería musical rusa, recubierta de efectos franceses e iluminada por el talento de Stravinsky. La obra está plagada de referencias a su maestro Rimsky, pero también hay influencias de Glinka, Tchaikovsky e incluso de Wagner. “Stravinsky, con su Pájaro de Fuego, ha encendido las luces del salón wagneriano”, afirmó un crítico de la época. La partitura, donde misterio y esplendor, encanto y bárbaro frenesí se van combinando sucesivamente en sabios contrastes, ejerce sobre el oyente un atractivo excepcional. La adaptación pianística sólo nos dará unas pinceladas geniales a la visión orquestal que el compositor creó, pero nos atrapará con su energía y ritmo contagioso cerrando así una gran velada y, como dice Rick al final de ‘Casablanca’ : “siempre nos quedará París” .

Sebastián León.


La Sociedad Filarmónica abre temporada

CIOBANU, MEJOR EJECUTANTE QUE INTÉRPRETE

G.García-Alcalde

La casi bicentenaria Sociedad Filarmónica de Las Palmas de Gran Canaria ha abierto su temporada 2018/19 con un proyecto de gran pianista. Digo proyecto porque el joven rumano Daniel Ciobanu, virtuoso espectacular, parece interesado en actualizar el repertorio con acentos contemporáneos, que es una actitud llcita y loable; pero el ejecutante aún se come al Intérprete. Con una potencia de ataque descomunal, sus fortísimos suenan ásperos y descarnados, mientras que el precioso cantábile de los episodios tenues y ligados, en los que muestra su vena expresiva, salen casi siempre del pedal una corda. Es como un pintor expresionista que se limitase al blanco y el negro..

Comenzó con dos grandes compositores y directores rumanos del siglo pasado. De Constantin Silvestri, una Bacanal de exagerados contrastes entre el calado salvaje y las filigranas decorativas. Y de George Enescu, un curioso Carillon en el que ambas manos tocan en tonos diferentes y generan un  campaneo de sabrosas disonancias. Cuatro compositores rusos cubrieron el resto de la velada. Bueno está que un texto tan resobado como los Cuadros de una exposición de Mussorgsky,  suene más allá del tópico en lecturas personales y creativas. Pero los porrazos desaforados, secos a veces y otras resonantes en tormentas de armónicos gratos al oído del pianista, pero antagónicos en la escucha por abuso del pedal correspondiente, inciden de contínuo en la estética del claroscuro, sin huellas del estilo del compositor y olvido de su voluntad de sonorizar estampas de carácter.

Aceptable el virtuosismo extremo de la Segunda sonata de Prokofiev, mejor controlada en pulsación y armònicos; excelentes los tres Preludios de Scriabin, escritos cuando ya se despojaba de la piel chopiniana y deliciosamente cantados por Ciobanu; y de nuevo aterradores excesos en la difícilísima partitura sinfo-pianística de una suite del ballet El pájaro de fuego de Stravinski. Lo mejor del programa fueron las págínas tranquilas en dinámicas medias o bajas, con las que el pianista, repito que espectacular, daba la mejor versión de sí mismo, que por ahora es la lìrica.

Celebrado con aplausos perfectamente descriptibles, ofreció como bis una vertiginosa pagina jazzística.  Cuando modere su afán, un tanto teatral, de reinventar la música, el joven Ciobanu puede ser un gran pianista. Ojalá…


Concierto

Daniel Ciobanu, pianista, para la Sociedad Filarmónica

Programa

Obras de Silvestri, Enescu, Mussorgski, Prokofiev, Scriabin y Strasvinski

15 de octubre de 2018, Teatro Pérez Galdós


Ensemble Matheus

EL ASESINATO DE VIVALDI


La interpretación de Las cuatro estaciones de Vivaldi hizo evocar al británico Thomas de Quincey (1785-1859) y su famoso ensayo El asesinato como una de las Bellas Artes. Una introducción verbal del director y solista francoitaliano Jean-Christophe Spinosi, divertida por sus apuros fonéticos con la lengua española, dio pistas al muy numeroso público sobre el obvio descriptivismo del gran compositor veneciano, ilustradas con ejemplos sonoros. El y sus magnificos instrumentistas se dedicaron seguidamente a masacrar la más bella y popular partitura del Barroco meridional, admirado por el genio del Septentrión, J.S.Bach.

El precioso sonido del Ensemble, su virtuosismo y estilo diferenciado fueron entrando en un jardín de rarezas y exotismos, silencios, extremosidades dinámicas, planos caprichosos, contrastes exagerados y hasta disonancias –no escritas- en el cembalo, que, además de desnaturalizar el capolavoro explicitan su inutilidad, porque nada aportan. Al contrario, hacen añorar el espléndido servicio que podrían prestar a las numerosas obras maestras escritas para orquesta de arcos en los siglos XX y XXI. En consecuencia, vano esfuerzo, larguísimo y finalmente aburrido. Vivaldi quedaba muy por encima de la versión a medida que aquel extravagante onirismo traía a la memoria otro ensayo de De Quincey: Confesiones de un opiófago inglés.

El concierto había comenzado con brillantes interpretaciones de la Obertura e Interludio del Jerjes haendeliano y de uno de los más amados Concerti grossi de Corelli (op.6 num.8 en sol menor). La iconoclastia evidente, la originalidad de la lectura y la luminosidad del sonido habían respetado los límites del estilo y puesto de relieve la gran clase del conjunto. Pero preludiaban el asesinato de Vivaldi, obra base del programa…

Spinosi, buen violinista y muy dotado director, empezó la velada volviéndose al público para desearle Feliz Navidad. El sol entraba por la vidriera del Auditorio en la primera tarde realmente primaveral del año. Como propina, el Summertime de Gershwin en delicioso anticipo del verano.

G. GARCÍA ALCALDE


Concierto

Ensemble Matheus dirigido por J.Ch.Spinosi, para la Fundación Auditorio-Teatro y la Sociedad Filarmónica

Programa

Haendel, Corelli,  Vivaldi y Gershwin

Día y lugar

27 de mayo de 2018, Auditorio Alfredo Kraus


PALABRA Y MÚSICA EN LA FRAGUA DEL MELODRAMA

Espléndida recuperación de un género casi inédito en Las Palmas, a despecho de su significación histórico-artística. El melodrama entra en escena con Rousseau a mediados del siglo XVIII, es cultivado en el XIX por los grandes creadores románticos y tiene presencia en el XX nada menos que con Strauss, Schönberg y Stravinski (entre muchos otros). El Teatro Pérez Galdós ha programado en colaboración con la Sociedad Filarmónica las dos piezas legadas por Richard Strauss, breve la primera sobre un poema de Uhland, El castillo junto al mar; y muy larga la otra sobre el poema-folletón Enoch Arden, de lord Tennyson.

El melodrama es recitación acompañada por uno o varios instrumentos, en los que vierte el compositor las ideas musicales sugeridas por los textos. Puede ser teatral en un contexto de ópera, o limitarse a recitador y piano en el salón familiar. Lo que aquí hemos visto es una variable que teatraliza imaginativamente la segunda fórmula. La siempre admirable y rompedora pianista Rosa Torres-Pardo desarrolló la música escrita como glosa y ambiente de los poemas, prolongada en otras piezas de Strauss muy afines a las situaciones vocalizadas con clara y brillante articulación por el actor Pedro Aijón Torres, cuyo movimiento dramatiza el estatismo salonero.

Como director artístico, Paco Azorín crea un gran espectáculo con adecuados elementos de atrezzo y, sobre todo, enormes videogramas de fondo que visibilizan el relato poético. De un gusto romántico que evoca la metafísica soledad de Friedrich, la Naturaleza idealizada por la épica decimonónica y las escenas de costumbres de los pintores holandeses, esas imágenes imponentes, perfectamente fundidas en su decurso, como también la iluminación, completan la recita verbal con un sugerente relato visual.

Torres-Pardo, maestra de las veladuras y los matices, ha vuelto a sorprendernos con una idea diferente y extraordinariamente atractiva. Su imaginación siempre ha sido y será bien recibida con caluroso aplauso.

G. García-Alcalde

 

Concierto

Melodramas de Richard Strauss en el ciclo Música y Literatura del Galdós y la Sociedad Filármonica. Organiza: Teatro Pérez Galdós.

Intérpretes

Rosa Torres-Pardo, pianista, y Pedro Aijón Torres, actor, dirigidos por Paco Azorín

Fecha y lugar

 

3 de mayo de 2018, Teatro Përez Galdós


CONCIERTO Y CONTEXT0 DE UN QUINTETO BERLINÉS

Muy poco después de la caída del Muro, hace casi 30 años, tomó Barenboim la dirección de la Staatsoper de Berlín y de su orquesta titular, la Staatskapelle. Aquellos entes funcionariales de la vieja RDA están hoy en los primeros planos de la protéica oferta berlinesa. Solistas de la orquesta son los cinco admirables músicos (flauta, oboe, clarinete, fagot y trompa) presentados por la Sociedad Filarmónica. El Quinteto ha hecho un programa “americano”, incluyendo en el concepto el Cuarteto de cuerdas Op.96 de Dvorak, escrito en EE.UU. y precisamente subtitulado Americano. Firma David Walter una leal transcripción de las cuatro cuerdas a cinco vientos, pero estos arreglos siempre son problemáticos. La esencia y la forma dimanan en buena parte de los colores y timbres elegidos por los autores. El cambio las altera y despista la memoria musical del oyente, disociando el concepto del contexto nativo.

Otra cosa es cómo se interpretan, impecablemente en este caso. Los cinco berlineses plasmaron con riqueza lo que ha sido indudable fuente de inspiración de la épica del cine de las grandes praderas y la lírica de los bailes y fiestas populares. Este depósito de temas y ritmos creado avant la lettre (1904), siendo el cine rigurosamente mudo y nada comercial, dió inagotables ideas a los compositores cuando el “séptimo arte” ya era una de las dos aportaciones caudales de los USA  al mundo entero. El gran compositor bohemio tiene indudables derechos de paternidad.

La otra aportación musical norteamericana es el jazz. Gershwin firma los tres Preludios para piano trasplantados por Willian Hoyt a quinteto de vientos, que abrieron el concierto con satisfactoria lectura de los ritmos, los breaks y las gangosidades melódicas. Después de Dvorak, la primera obra original para conjunto de vientos fue una Suite de Günther Schuller,  moderna de escritura e impregnada de swing en los dos movimientos vivos, con un precioso Blues central. Bajando hacia el Subcontinente, los cinco Aires tropicales de Paquito d’Rivera, dieron brillante cuenta del patrimonio rítmico-cantable del Caribe, si bien despojado de la fundamental percusión. Y ya en el espacio sonoro argentino, la suite Belle epoque in Sudamérica, de Julio Medaglia culminó el recorrido comenzando por el indispensable tangazo y  cerrando con las cómicas llamadas de un requinto tañido por el clarinetista. Como bis, el Tico-Tico de ordenanza.

En suma, un concierto agradable y expresivamente recibido por el público filarmónico.

CONCIERTO

Quinteto de Viento de la Staatskapelle de Berlín, para la Sociedad Filarmónica de LPGC.

PROGRAMA

Recorrido americano con Gershwin, Dvorak, Schuller, Paquito d’Rivera y Medaglia

LUGAR Y FECHA

Paraninfo de la Universidad,  18 de abril de 2018

G.García-Alcalde / LA PROVINCIA /


Notas al programa:

América: FUSIÓN, CONFUSIÓN, COCKTAIL …
” Todo es posible en América ”… La tierra prometida para muchos, la esclavitud para otros tantos, la colonización, la lucha por la supervivencia de unas formas de vida, etc. Continente lleno de contrastes, de raíces, de influencias, marcado por los que la vieron nacer y por los que llegaron. Un mundo nuevo de razas, creencias, supersticiones, mezcla de lo arcaico y lo moderno. Todo esto y más, hacen que América vaya creciendo en todos los órdenes desde mitad del siglo XIX, conviertiendose en el foco cultural del mundo en el siglo XX.

La música americana, como tal, no existe. Etnológicamente es imposible, excepto allí donde hay una decidida reacción como raza (indios, pieles rojas o negros), o en el jazz, único género musical nacido en América. Todas las creaciones musicales parten en su mayoría de la herencia europea. La asimilación y simbiosis es clara en todo el continente. Y la mayoría de sus procesos y su evolución siguen los patrones clásicos.

Gershwin americano, judío y de ascendencia rusa es un claro ejemplo de diversidad y mezcla.

La obra que vamos a escuchar en esta velada es una adaptación para instrumentos de viento de los ‘Preludios’ para piano que Gershwin publicó en 1927, dedicados al músico y letrista Bill Daly. En principio, estas piezas sólo sirvieron de meros intermedios musicales y pasaron totalmente desapercibidos. Con su publicación como un todo, llegó su fama. Dos piezas rápidas encuadran otra más lenta. La primera y la tercera están indicadas ‘Allegro ben ritmato e deciso’ y tienen un carácter jazzistico muy acentuado. La segunda, ‘Andante con moto e poco rubato’, está próxima al espíritu del blues. Nostálgica y penetrante, muchos creen ver en ella las huellas de los orígenes judíos del compositor y un claro ejemplo de esa ”facilidad” para integrar en su propio lenguaje los elementos tradicionales sin caer en la sofisticación. No cabe duda que, en estas piezas, el compositor se muestra presa de la tentación ”clásica” de sus modelos preferidos, Debussy y Chopin, sin pretender llegar a la altura de ellos. Estos ‘Preludios’ tienen diversas transcripciónes, la más famosa es la realizada por el gran Jascha Heifetz para violín y piano. También y como curiosidad, Arnold Schoenberg los orquestó.

Dvorak aparece en medio de tantos americanos por tres motivos. Su estancia, casi huida, a Estados Unidos. Su archiconocida Novena Sinfonía ”Del Nuevo  Mundo” y este cuarteto, con el simbólico sobrenombre de ‘americano’. Hoy lo escucharemos en un arreglo para quinteto de vientos, que le dará seguramente un carácter más americano si cabe. Dvorak sufrió toda su vida crisis de creatividad, decaimiento y una melancolía innata en él. Asumió el cargo de director del conservatorio de New York con ilusión y creyó que nuevos aires lo distraerian. Se equivocó.

Este cuarteto es la más célebre partitura de toda su música de cámara. Fue compuesto en tan sólo diesicesis días entre el 8 y el 23 de junio de 1893. Los primeros meses en su puesto habían sido agotadores y lo habían sometido al típico sacrificio de las conveniencias sociales: cenas interminables, conciertos benéficos con obras que no eran de su agrado, besamanos con políticos sin gusto y sin oído, etc. Entre enero y mayo de ese año compone la Sinfonía ‘Del Nuevo Mundo’ . Pretende regresar a su tierra por vacaciones, añora, duda y  renuncia ello. Acepta la invitación de su alumno y ayudante Jan Kovarik, para ir a Spilville, pequeño pueblo en el estado de Iowa con una gran y participativa comunidad checa. Aquí, rodeado de un gran bosque, con las casas agrupadas alrededor de la escuela y la iglesia de San Wenceslao, Dvorak se sintió como en casa. Aquí participó de los ritos religiosos indios y de los cantos negros tanto en el campo como en la iglesia. Todo esto le dejó una impronta. Bebió el espíritu de aquellas melodías y luego inventó las suyas, todas bajo la luz de esa serena influencia.

Este cuarteto transmite una espontaneidad que no engaña, pero lo que más sorprende es la ósmosis natural entre los rasgos indígenas y la autenticidad checa. ¿Es un blues, lo que oímos, o una cantinela de la cual Dvorak posee el secreto? Muy atento, el compositor añade anotaciones personales. Tal es el caso, al principio de ‘Scherzo’, de la imitación que el primer violín hace un pájaro de la región, el tanager, de plumaje rojo y negro, o las evocaciones del órgano de San Wenceslao, que a menudo tocó. Aquí es todo emoción simple y color, alegría y movimiento.


Tres, entre muchos, son los cocktails más característicos de América. El ‘Manhattan’ de la ciudad de New York, centro cultural y social de Estados Unidos y punto de referencia de la creación  esde hace años. El ‘mojito cubano’ que forma parte de la sangre viva y salvaje del Caribe y que evoca lo fresco y lo nuevo, pero al tiempo la España colonial y madre. Finalmente, la ‘caipirinha’,  reflejo de un mundo selvático y puro, escondido al tiempo que carnavalero, lleno de fuerza y danza, aún por descubrir.

Con un ‘Manhattan’ entramos en Estados Unidos. Allí, a mediados del siglo pasado, nace una tendencia de fusión y confusión entre los diferentes géneros musicales, incentivada por la homologación cultural que han efectuado los medios de comunicación.

Las influencias y recíprocos intercambios pueden resumirse en estas relaciones: música culta – jazz, jazz – música popular, música popular – música culta. Uno de los más fervientes defensores y fundador de la fusión entre música culta y el jazz, la ”Tercera Vía”, fue Gunther Schuller. Nacido americano de ascendencia alemana, es autor de la fundamental monografia sobre el jazz, ”Early Jazz” de 1968. Comprometido con la enseñanza, creó e inició proyectos educativos, orquestas de jazz y clásicas e incluso propuso leyes para que la música estuviera presente en todas las etapas de la formación de los niños. Ahondó en la idea de unificar estructuras rítmicas con melodías refinadas, fuertemente intelectualizadas por las frecuentes referencias a temas, formas y estilemas de la música culta como el contrapunto, Bach o los virginalistas ingleses. Alumno de Milhaud y Schoenberg, Schuller influirá sobre grandes nombres del jazz como Gerry Mulligan, Miles Davis o Dave Brubeck.

Esta Suite fue compuesta en 1945. Clara es la improvisación jazzistica, la herencia clásica y el virtuosismo que se le da a cada instrumento. Transpira la influencia del grupo francés ” Los Seis”(Honegger, Milhaud, Poulenc, etc.). El primer movimiento es una propuesta. Se escuchan tonos discordantes e imprecisos que juegan entre sí en una llamada al orden. ”Blues” es un fragmento lánguido, con frases desiguales y tonos exagerados. Con un lenguaje de líneas angulosas, en un momento determinado, se hace una referencia a Gershwin. Finalmente, “Toccata”, es una llamada breve, con un ‘ostinato’ irregular, disonancias y un recuerdo a la “Consagración” de Stravinsky. La obra, la más difícil de oír de esta velada, termina con un guiño y un encogimiento de hombros.

El ‘mojito cubano’ nos lleva a Paquito D’Rivera que creó esta obra para el Quinteto Aspen, estrenandola en New York en 1994. Inicialmente, en forma libre de suite, se dividía en cinco movimientos. D’Rivera añadió otros dos y cambió, en más de un recital, su ubicación dentro de la obra e incluso prescindiendo de algunos. La ‘Alborada’ se desarrolla en un ambiente de ensoñación y da paso a un ‘Son’, el movimiento más extenso de los siete, que se basa en el característico ritmo obstinado de esta danza cubana. La flauta, el clarinete y el fagot dialogan en una sensual ‘Habanera’ antes de dar paso al ‘Vals Venezolano’, dedicado al compositor y guitarrista Antonio Lauro. ‘Dizzyness’ es un homenaje al gran músico de jazz Dízzy Gillespie, donde se emplea el lenguaje armónico más complejo de toda la obra. ‘Afro’ vuelve a las raíces con ese inicio lento en la flauta. La obra concluye con una ‘Contradanza’ basada en un ritmo cubano, clara heredera de Ernesto Lecuona.

Al fresco sabor de una ‘caipirinha’, los ritmos del cono sur americano sirvieron de inspiración a Julio Medaglia en su ‘Suite Belle Epoque’. Ritmos populares que se fusionan en una escritura heredada de la tradición clásica. Nacido en Sáo Paulo, Medaglia se formó con Pierre Boulez y Karlheinz Stockhausen, siendo asistente del director Sir John Barbirolli y participando activamente en el proyecto educativo-musical de Gunther Schuller. Asombrosamente, Medaglia decidió volver a su tierra y dejar esa carrera internacional. Autor de numerosas bandas sonoras y de arreglos de la música popular brasileña, su obra más conocida en las salas de concierto es ésta. La compuso para el quinteto de viento de la Filarmónica de Berlín y evoca tres de las danzas más populares a comienzo del siglo XX. El tango porteño, “El Porche Negro”. El vals criollo, “Vals Paulista” y el ‘chorinho’, “Rekinta Maluca”, uno de los ritmos más característicos de la música brasileña. Tanto para los intérpretes como para los oyentes, estás obras muestran una vitalidad inmensa a la creación musical de un continente digno de ser redescubierto y oído.

SEBASTIÁN LEÓN

 


EL COMPLEJO MUNDO DE LA PERCUSIÓN TEMPERADA

Interesante programa de percusión el ofrecido por Francisco Navarro, timbalero solista de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria. Siempre a solo, con colaboradores en dos obras, ejecutó una selección de autores y obra de los siglos XX y XXI, decisivo el primero en el desarrollo del género por el éxito internacional de los pioneros y ya legendarios Percusionistas de Estrasburgo, presencia obligada desde los años cincuenta en los festivales de música contemporánea de su ciudad. Darmstad, Donaueschingen y otros puntos de encuentro de la entonces vanguardia europea.

Abrió sesión una pieza de cangelosi, Wicca, con set-up reducido de membranas y superficies metálicas. Distintas baquetas, escobillas y rozamientos manuales combinan la tímbrica, con ritmos fijos o abiertos en dinámica predominantemente fortísimo. La idea se configura como un ritual religioso.

No podía faltar la marimba de la gran compositora Keiko Abe, representada por dos obras. Dobles baquetas en cada mano para tañer el instrumento temperado con alternativas de ataques dulces o agresivas, diseñan en la primera, Variaciones sobre una canción infantil japonesa, episodios muy contrastados entre la evanescencia lírica y el efectismo lúdico. En la segunda, Marimba d’amore, predomina la imagen poética en delicados trémolos y apuntes de melodía armónica sobre los acordes de cuatro notas. Los motivos dramáticos intercalados completan un juego de sonoridades de gran belleza.

El Piazzonore de Gerassimez, para vibráfono y piano (Ana Marrero Acosta) es una sustanciosa lectura del Libertango de Piazzola, alternativamente melosa o dramática, perfecta en el ajuste rítmico de los dos instrumentos, y en el carácter narrativo, con final virtuoso en Vibráfono, De otro grandísimo compositor, el greco francés Iannis Xenakis, Rebonds B, un ostinato a solo de gran volumen, magníficamente proyectado desde otro pequeño set-up.

Finalmente, la Marimba espiritual de MIkki, dedicada a Keiko Abe, fue el despliegue espectacular de los medios técnicos y la expresividad de Navarro, en este caso alternado con otros tres percusionistas en placas metálicas agudas (David Hernández, Hepsiba Bernal y un tercero cuyo nombre no retengo). Pese a lo inhabitual del repertorio y el instrumentario, el público filarmónico, esta vez en el Paraninfo de la Universidad, disfrutó del programa y lo premió con entusiasmo.

G. García Alcalde / LA PROVINCIA / 14/4/2018


CLEMENTE RESCATA DEL OLVIDO A ASCOT

Sin duda tiene significación histórica el concierto de Ignacio Clemente Estupiñán, pianista teldense y doctor en Historia y Ciencias de la Música, ofrecido por la Sociedad Filarmónica de Las Palmas. Nada menos que doce partituras inéditas de la compositora Rosa García Ascot sonaron en primera audición absoluta, todas ellas rescatadas, entre otras muchas, de la dispersión y el olvido gracias a la exhaustiva búsqueda del interprete para su tesis doctoral. García Ascot, única discípula directa de Manuel de Falla, también fue la única mujer del Grupo de los Ocho -o Generación de la República- que hubo de exiliarse tras la guerra española. Ella era, hasta el trabajo de Clemente, la menos conocida.

Este concierto abrió el Ciclo Compositores españoles en el exilio, que la Filarmónica se propone desarrollar, Su Presidente, Pedro Schlueter, leyó, alternando con las partes musicales, un texto de Clemente muy valioso como resumen informativo, ilustrado en pantalla con numerosas imágenes de la tesis, a su vez espléndidamente publicada por la firma canaria ediciones Idea que la puso a disposición de los asistentes anticipando la presentación pública del volumen. Hoy podemos decir que el rescate biográfico y artístico de la compositora la sitúa en pie de igualdad con otros exiliados del Grupo, tan conocidos como los hermanos Halffter (Rodolfo y Ernesto), Julián Bautista, Barcarisse, Pittaluga y Remacha. De aquí el valor histórico de la doble aportación de Ignacio Clemente.

La obra pianística de Rosa García Ascot, generalmente volcada en composiciones breves, participa de la reacción antirromántica de la llamada generación de Maestros (Falla entre ellos) que propone una actualización de las escuelas clavecinísticas del siglo XVIII (Scarlatti y Antonio Solr, básicamente) y la estilización de las expresiones populares. Son formas escuetas, transparentes, de gran elegancia y refinado estilo, que, siempre dentro de la tonalidad, recuerdan en sus ritmos, trinos, grupetos y apoyaturas la pulsación cristalina del cémbalo. La compositora falleció en 2002 a los cien años de vida. En su transcurso evolucionó poco armónicamente, Adensando las sonoridades y jugando con las disonancias sin salir del sistema tonal. La línea divisoria, muy acentuada, es la del exilio.

Ignacio Clemente fue modélico en la claridad pulsátil y el rigor del estilo, sumando a las piezas de García Ascot una Sonata de Scarlatti y dos páginas de Falla que sugieren los puntos de partida y llegada de la compositora. Una velada enteramente satisfactoria, a excepción de la acústica del Teatro Cicca. Absolutamente horrible para la música. Hasta el piano necesitó amplificación…

G. García Alcalde / LA PROVINCIA / 7/4/2018


JAVIER CAMARENA, EL ALMA DE LA VOZ

G-García-Alcalde

“La voz tiene alma”, dijo el tenor mexicano al público que abarrotaba el Auditorio, evocando la maestría de Afredo Kraus como referente máximo de su arte. El alma de su propia voz se volcó  en un programa largo, difícil y emotivo, decimoquinto de los dedicados anualmente a Kraus en su ciudad y, a la vez, conmemorativo de los 20 años del Auditorio que lleva su nombre.  Todos cantamos el “Cumpleaños feliz” con Camarena y la orquesta. El artista, en feeling absoluto con la sala, proclamó repetidas veces su gratitud al mítico antecesor grancanario dirigiéndose a la audiencia o a sus cuatro hijos, presentes en un palco, de manera especial a Rosa, presidenta de la Fundación Canaria Alfredo Kraus. La cálida afectividad y la simpatía natural del mexicano son memorables; y el canto, tan magistral como en su debut canario del pasado marzo con la 50º Temporada de Opera de Las Palmas.

Pocas veces podremos gozar de un concierto como éste. Camarena no sólo está en el momento glorioso de su voz única: es además un artista que utiliza creativamente el don. Las ocho arias y romanzas del programa, seguidas de dos bises, tumbarían a cualquiera. No a él, que emite con el mismo frescor hasta la última nota. Su timbre y color son muy bellos y versátiles; aligera el peso en el repertorio belcantista (arias de Puritani y Lucia), se adensa en Verdi (Rigoletto y Traviata), frasea de manera idónea el romanticismo decadente (Werther) y vocaliza las esencias de la lírica española (Francisquita, Trust de los tenorios, Gavilanes y Tabernera). Un homenaje al repertorio de Kraus, cuya imagen, caracterizado para cada una de esas obras, presidía el escenario en una gran pantalla. Va de suyo la intensidad con que el canto nos devolvía la técnica y el estilo krausianos.

La voz de Camarena, tan elegante como cálida y llena, reúne la extensión portentosa, el fiato que nunca cesa ni se debilita en magníficas legaturas, armónicos para dar y regalar, puntaturas  en el “do” y el “re” sobreagudos, atacadas sin apoyos, no siempre escritas (los tenores de antes las hacían en falsete, Camarena a voz) y extendidas en calderones de poderosa redondez; fraseo a media voz, filados pianísimo como susurros, largos reguladores del volumen y un impresionante arsenal de matices expresivos. Lejos de alardes circenses, todo es musical, refinado, perfecto. La inspiración artística se sobrepone siempre a los registros físicos de un superdotado cercano, comunicativo y sin pose. Aclamado y braveado en cada página, cantó como propinas “El día que me quieras” y una espectacular “Granada” de su compatriota Agustín Lara.

Dirigida por  Karel Mark Chichon, la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria sonó materialmente pegada a la voz, e intercaló brillantemente populares páginas de Rossini, Verdi,Bizet, Chapí y Giménez.

 

Concierto

Javier Camarena, tenor, y la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria dirigida por Karel Mark Chichón, en concierto dedicado a Alfredo Kraus y conmemorativo del 20º aniversario del Auditorio.

Programa

Arias de Bellini, Donizetti, Verdi y Massenet; romanzas de Vives, Serrano, y Guerrero; y páginas sinfónicas de Rossini, Verdi, Bizet, Chapí y Giménez

Día y lugar

24 de noviembre de 2017, Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas de GC


KHARITONOV Y EL PODER DE LOS LUGARES COMUNES

G.García-Alcalde

Lugares comunes por su frecuentación, no por su valor (evidentemente). Daniel Kharitonov, pianista ruso de 18 años, fue presentado en las Islas por la Sociedad Filarmónica de Las Palmas. Con un largo programa, conservador y peliagudo, entusiasmó al público. Sus facultades, espectaculares, le llevan al exceso en los parámetros de velocidad y dinámica, pero es artista de los pies a la cabeza. Tiene garra y personalidad. Aunque a veces sería más perfecto con un sedante, la impulsividad juvenil también estimula la escucha cuando se tienen los medios técnicos adecuados. La maduración llega con los años para refinar y equilibrar desmesuras,

Muy expresiva la lectura de la Fantasía en re menor K397  de Mozart, en la dulce melancolía de su primera parte y el encanto optimista de la segunda. De Beethoven, el desafío de las dos sonatas más populares: la 14ª Claro de luna, con austero enfoque del mágico nocturno inicial y mucho vigor en el desenfreno del final; y la 23ª Appassionata, hercúlea y autoritaria en los movimientos extremos. En ambas, los tiempos centrales fraseados con la gentileza doctoral del autor, tan discursiva como expresiva.

Comenzó el bloque de Chopin con una ejecución descoyuntada y vulgar de la primera Balada. Levantó el vuelo con un Nocturno archipopular (OP.9-2 en mi bemol) y el muy elegante y aéreo Primer Impromptu. Estuvo sublime en el inefable Nocturno póstumo en do sostenido menor y grandioso en la Polonesa heróica. Finalmente llegó Liszt, con impecable dicción del archiversionado Sueño de amor y sus filigranas, y con una recuperación expresionista de la tópica Rapsodia húngara núm.2,  sardónica como un alucinante baile de máscaras.

El casi adolescente, muy talentoso y un poco pasado de vueltas pianista ruso premió las ovaciones con la preciosa tercera Consolación de Liszt y una lectura formidable del monumental Estudio en do menor Op.25-12, último de los de Chopin. ¡Qué manera de arpegiar con las dos manos!

 

Concierto

Recital de piano de Daniel Kharitonov para la Sociedad Filarmónica de Las Palmas de GC

Programa

Obras de Mozart, Beethoven, Chopin y Liszt

Día y lugar

14 de noviembre de 2017, Paraninfo de la Universidad


SHLOMO MINTZ, EN PLENÍSIMA FORMA

 

G.García-Alcalde

Espléndido recital de uno de los grandes violinistas de cuna o ascendencia israelita, lanzados por Isaac Stern al estrellato internacional. Después de su presencia de hace años en el Festival de Música de Canarias, Shlomo Mintz, nacido en Moscú y crecido en Israel,  ha vuelto a Las Palmas en plenísima forma, acompañado por un importante pianista holandés, Sander Sittig.  La inspiración luminosa y la calidad melódica de la tercera Sonata de Brahms (op.108 en re menor) obra de plena madurez como todas las escritas en su “decenio de oro”, fue un alarde de elegancia, estilo y fidelidad creativa al texto. El juego fluido, fácil y emotivo de Mintz, con un violín de sonoridad nítida y carnosa a la vez, delineó admirablemente el carácter de los cuatro movimientos, con musicalidad insuperable en el tercero y jubilosos acentos expansivos en el agitato final. Antológico.

Previamente, el duo había bordado el cálido Poema op.25 de Chausson, acentuando su compromiso entre el romanticismo final y el primer impresionismo para sonorizar la espiritualidad meditativa y la sublimación del deseo que crece hasta lìmites casi congestivos en las últimas páginas, sencillamente prodigiosas en la expresión de ambos artistas.

Llegaron finalmente tres obras de Sarasate, el Capricho vasco op.24, la Fantasía Carmen op.25 y la Habanera (esta última como bis) exultantes en su refinado rapsodismo y pasmosas en términos virtuosísticos. Sería prolijo describir los recursos técnicos del compositor en la ornamentación de los temas, porque aparecen –y suenan íntegros en la ejEcución de Mintz-  todos los posibles y en especial los imposibles, con una apariencia de naturalidad que verifica el dominio de un superdotado.

Cito en último lugar la obra de inicio del recital, la Sonata K.454 de Mozart, porque fue una versión apática, desganada y no muy limpia, que nos hizo temer lo peor. Por fortuna, lo que vino después relegó la mala impresión mozartiana al terreno de lo inexplicable.

Muy complacido con las ovaciones del público, tocó finalmente el bis de Sarasate ya citado, y el salonero, encantador Tambourin chinois de Fritz Kreisler.

 

Concierto

Shlomo Mintz, violín, y Sander Sittig, piano, para el Teatro Pérez Galdós y la Sociedad Filarmónica.

Programa

Sonatas de Mozart y Brahms; piezas de Chausson, Sarasate y Kreisler

Día y lugar

9 de noviembre de 2017, Teatro Pérez Galdós