TRÍO DE LA ROYAL CONCERTGEBOUW

Trío Concertgebouw

Ambiente mágico en el Paraninfo universitario

Juan Bethencourt Morell (PERIÓDICO LA PROVINCIA)

El pasado viernes 28 abril en el Paraninfo de la Universidad de Las Palmas y con una media entrada, la Sociedad Filarmónica presentó al Trío de la Royal Concertgebouw de Amsterdam.

Podemos decir que fue un concierto atípico, ya que los componentes que conformaban el trío, fueron dos violines y una viola, creo que por primera vez la Sociedad Filarmónica presentaba una plantilla con estos instrumentistas.

El trío está formado por integrantes de la Royal Concertgebouw Orchestra: Marc Daniel van Biemen es el primer violín y emplea un Amati de principios del siglo XVIII, Benjamin Peled toca el segundo violín con un instrumento del francés J.B. Villaume del siglo XIX y Jeroen Woudstra interpreta con una viola de Jean Baptiste Lefèbvre de 1767.

Comenzaron por el opus 75ª de Dvorak compuesta en 1887, que es una versión para dos violines y viola de la opus 75, Las 4 piezas románticas para violín y piano, el trío con una interpretación ajustada en la que el segundo violín, ejecutó una serie de acordes arpegiados, que se corresponderían al piano de la opus 75. Aunque es una obra post-romántica, se nota ya el influjo nacionalista del maestro checo.

Continuó el concierto con el Dúo en Sol mayor Kv 423 de W. A. Mozart, única excepción al resto de compositores eslavos que completaron el concierto. Obra de estética clasicista con una interpretación al estilo concertante, ya que no existió en ningun momento que un instrumento destacara  sobre el otro. Actuó como violín Peled y la viola corrió a cargo de Woudstra, muy afinados y con muchísima musicalidad interpretaron el Allegro, el Adagio y el Rondó.

La segunda parte se inició con la obra de los Tres madrigales para violín y viola, H 313 de Bohuslav Martinü, compuesta en 1947, siendo interpretada con el otro violinista, van Biemen, y el viola Woudstra, que intervino en todas las piezas. Se advierten influencias  del neoclasicismo stravinskiano, correcta ejecución y empaste entre los dos instrumentos.

Con el conjunto completo y de la mano de un Dvorak más nacionalista, pasamos a oír el Terzetto opus 74, con evocaciones del folklore checo.

Cerró el concierto la Serenade op. 12 de Zoltán Kodály, en el Allegramente el viola Woudstra hizo que sonara su Lefèbvre con un sonido grave y rotundo, mientras que era acompañado con violentos pizzicati de los violines. En el movimiento Lento ma non troppo se luce el primer violín, con una bella melodía acompañada con un rápido ostinatto del segundo violín. En el Vivo del tercero, Kodály recrea una melodía del norte de Hungría, con acordes disonantes arpegiados sin la intervención de los arcos.

Los músicos todos primeros atriles de la RCO, demostraron claramente el por qué pertenecen a esa orquesta, de técnica depurada y bella musicalidad, crearon un sonido especial y con la suerte de interpretar su música con fabulosos instrumentos.

Resumiendo podemos decir que la interpretación del atípico trío, de dos violines y una viola, derivó en una actuación rodeada de una extraña energía, de como si algo mágico se difundiera en el ambiente del recinto universitario.ç


NOTAS AL PROGRAMA:

Antonin Dvorak es el compositor checo de mayor presencia internacional. Heredero directo del dramatismo de Smetana, influyó también en las composiciones tempranas de Janáček. Junto a Martinů conforman el cuarteto de quasi únicos reconocidos creadores checos que frecuentan los programas de concierto.

1887 fue un año prolífico para él: abundante música de cámara, para voz y piano, y hasta una ópera cómica que no ha trascendido. La primera obra de cámara de ese año, compuesta en una semana, fue el Terzzetto en Do Mayor, escrita para ser interpretada además con su vecino, el violinista amateur Josef Kruis, y el propio compositor a la viola. Resultó demasiado ambiciosa para Josef, lo que empujó a Antonín a escribir el menos complejo trío que escuchamos esta noche. Como ha ocurrido otras memorables veces en la historia, obras sin gran pretensión – incluso escritas para intérpretes amateurs-, denotan un golpe de genuinidad y frescura que les granjean perdurabilidad en las salsas de concierto. El propio compositor manifestó que le divertía tanto escribir estas sencillas obras como una magna sinfonía; incluso que los mismísimos Beethoven o Schumann, también, se expresaban en ocasiones con medios tan simples como él. El oyente de hoy, empero, probablemente no distinguirá a simple golpe de oído las diferencias técnicas entre el primigenio terzetto y las miniaturas.

Terminado el primer Terzzetto  (Op.74 B148), se convierte Josef Kruis en el involuntario precursor de las posteriores Drobnosti (Miniaturas Op.75a B149), escritas ambas en enero de 1877. Se trata de 4 movimientos de tablatura y tempi demasiado convencionales para lo que ya acontecía armónicamente en el último cuarto se siglo. De carácter amable y grácil, infieren al intérprete el desafío de ejecutarlas evitando banalidades. Reseñable en este aspecto es el segundo movimiento, que presenta reminiscencias del folclore checo hacia el final del número.

Desde que surgieran las primeras obras para dos voces, y el estilo discantus desafiara a la técnica compositiva –luego de los quasi naif organa paralelum-, la relación entre ambas ha tenido una dispar evolución. Los dos dúos de esta velada (Mozart y Martinů), por ser creación camerística a dos, profieren una completa amalgama de posibles ilaciones entre dos partes semejantes, tales como la unidad, la imitación, el contraste, el protagonismo y subordinación, pertinencia e inferencia.

El dúo mozartiano podría bien ser uno de sus cinco conciertos para violín. Más aún, nos recuerda en su escritura –y mucho- al concierto nº5. En este dúo sendos instrumentos son solistas, y hasta responden como si de la orquesta se tratara. Compuesto en el verano de 1783, y junto al correlativo K.424, completaba este dúo un total de 6 de Michael Haydn, que habrían de satisfacer las necesidades del Arzobispo Colloredo quien, al parecer, no distinguió las muy evidentes diferencias entre éste y los de Haydn.

Mozart daba tratamiento igual a ambos instrumentos–como ya hiciera en la Sinfonía Concertante-, mientras que Haynd entendía más el violín como solista. La estructura de ambos dúos es similar, con allegros, adagios y rondó o tema con variaciones. Una descripción más profunda sería deseable, pero precisa de un espacio mayor a estas breves notas introductorias.

La música de Zoltan Kodaly presenta un basal modal que se nutre de la idiosincrasia húngara, por un lado, y de su conocimiento de las muy vertebradas y prolijas armonías que se desarrollaron en Centroeuropa en las primeras décadas del XX, por otro. De gran sensibilidad y extremo eficiencia para generar atmósferas sonoras complejas con sencillos recursos, no vivió al margen de las vanguardias centroeuropeas. El maestro Juan José Falcón Sanabria dijo una vez que Kodaly había nacido en el lugar adecuado, en el momento adecuado. Se empeñó sobre todo en conocer la música de las diferentes regiones de su tierra –y compilarla-, y participó activamente en el desarrollo de la educación musical del siglo pasado con la elaboración e implantación nacional de su método musical. Entre 1918 y 1920 compuso esta Serenade en tres movimientos mientras revisaba

Rubén Mayor