RIGOR Y FANTASIA DE LOS HERMANOS CURBELO

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G.Garcìa-Alcalde (PERIÓDICO LA PROVINCIA)

Oliver y José María Curbelo tienen un rasgo diferencial en la brillante eclosión de pianistas canarios del siglo XXI: el de producirse indistintamente como solistas y en repertorio a cuatro manos o  dos pianos, tan rico en composiciones ad hoc. Su programa para la Sociedad Filarmónica ha sumado obras nacidas para dúo y la traslación de piezas de Abéniz de uno a dos instrumentos, con el incuestionable respeto que garatizan sus autores, nada menos que Granados, Marshall y Larrocha. En estas Triana, Navarra y Lavapiés no falsean la genial escritura albeniziana añadiendo materiales al texto original, sino que despliegan con claridad y holgura lo mucho que Albéniz dejó implìcito, o sugerido, por imposibilidad de ejecución con dos manos. Ritmos, colores, voces medias, armonías sorprendentes y carácter: todo sonó magníficamete en la versiòn de los Curbelo.

Las Variaciones San Antonio, como también se conoce la op.56b de Brahms, concebida inicialmente para dos pianos, recibieron un trato sereno,  sosegado y extraordinariamente fiel al texto, cuyas estructuras clasicistas apoyan un lenguaje subjetivo y lleno de novedad. Los pianistas enfocaron  su lectura con sobriedad y equilibrio que pedían en algunos momentos un gramo más de contraste y fantasía. Pero el concepto personal es no solo válido sino que testimonia un compromiso de rigor con la escritura.

La Segunda Suite para dos pianos op.17 de Rachmaninov fue el campo de prueba de la imaginacion de los dos pianistas, admirabemente compenetrados en las luces y los escollos de una escritura virtuosa y brillante, superpoblada de efectos y de notas que se suceden sin pausas, casi sin respiración, en el límite de lo saturado. De esta luminosa colección de danzas y melodias hicieron un festival de pianismo romántico. Las ovaciones del público ganaron el bis de una animada Brasileira de Darius Miñhaud.

Concierto

Hermanos Curbelo a dos pianos, para la Sociedad Filarmónica de las Palmas

Programa

Obras de García Abril, Albéniz, Brahms y Rachmaninov

Dia y lugar

27 de febrero de 2017, Teatro Perez Galdós


NOTAS AL PROGRAMA:

Isaac Albéniz y Antón García Abril 

El compositor aragonés Antón García Abril conoce muy bien la naturaleza y los recursos del piano, para el que ha escrito páginas y colecciones luminosas, originales y llenas de ingenio. Los intérpretes de este programa han elegido dos de ellas, para dos pianos, Homenaje a Copérnico y Madrid, que serán expresión de equilibrio y pulcritud en las exigencias del instrumento desdoblado.

De Isaac Albéniz, dos páginas de la genial Suite Iberia y la Navarra que habría de integrarse en un nuevo cuaderno, no concluido, se escuchará hoy una realización diferente y, por ello, del mayor interés. Triana del segundo cuaderno de la suite, y Lavapiés del tercero, para un solo piano en el original, distribuyen ahora su perfección formal y su virtuosismo en sendas escrituras para dos pianos respectivamente realizadas por otro gran creador, Enrique Granados, y por la inolvidable pianista Alicia de Larrocha, heredera de Granados a través de su discípulo Frank Marshall, a su vez transcriptor de Navarra. De los tres adaptadores nace una dimensión, casi desconocida, de los códigos formales y artísticos de la mejor música para piano escrita en España.   

Brahms.

Variaciones sobre un tema de Haydn Op.56b 

El arte de la variación progresiva ocupó en muchas ocasiones la imaginación de Brahms. Sobre un tema propio u otros de Haendel, Schumann, Paganini y Haydn, para uno o dos pianos, desarrolla la compleja técnica de transformación melódica, armónica y estructural que va descubriendo las posibilidades latentes en el motivo original. La ideación generativa progresa en libertad, sin atenerse a la presencia reconocible de aquel motivo, que, sin embargo, vibra en el interior de todas. Las concluidas en 1873 sobre un tema de Haydn -que no era de Haydn, según investigación posterior- nacen de un viejo coro de peregrinos sobre las tentaciones de San Antonio, reflejadas en el carácter, no en cuadros descriptivos, de las ocho formas de variación.  La obra nació para dos pianos y fue orquestada a renglón seguido con una riqueza de timbre y color que la consagró como primer logro pleno de su lenguaje sinfónico. Tenía 40 años. En ambas plantillas es su tanda variada más popular, aunque la técnica derivativa llegaría al cenit con el grandioso final de la Cuarta sinfonía, treinta variaciones sobre una passacaglia de ocho notas de J.S.Bach, escrita 12 años después.

El original pianístico, de gran movilidad en los tempi, la dinámica y la atmósfera sensible, oscila entre los aires de danza y la poética del lied con riqueza armónica que solo un par de veces recurre al cambio modal o tonal, así como una fantasía que, ateniéndose en apariencia a modelos clasicistas, emite en clave de subjetividad romántica. El bajo del andante final sostiene obstinado un monumento contrapuntístico. “Es el bajo lo que cuenta para mí”, escribió Brahms. “Es sagrado, la tierra firme sobre la que construyo mis relatos. Lo que hago con la melodía no es más que bagatela”. Afirmación obviamente desmentida por la belleza melódica de toda su obra. Pero así pensaba el propio Schopenhauer, para quien el bajo musical expresa la fuerza telúrica de la tierra y el fundamento de la vida.

Rachmaninov.

Suite para dos pianos Nº 2 Op.17

Luchando contra la depresión causada por el fracaso de la Primera Sinfonía, que le mantuvo en dique seco durante tres años, Rachmaninov escribió a partir de diciembre del 1900 esta segunda Suite, el segundo Concierto para piano y orquesta (op.18) y la Sonata para violonchelo y piano (op.19). Tres piezas excelentes y, en el caso del Concierto, la más amada por los públicos. Original para dos pianos, la Suite, muy superior a su predecesora, le satisfizo hasta el punto de querer orquestarla, aunque no llegó a hacerlo. Un tratamiento hipnótico le había salvado del abismo, permitiéndole volver a la composición lleno de ideas y recursos. La obra de este programa transforma en estructura lo que había sido decoración en la anterior y despliega técnica y armónicamente lo que habría de estabilizarse como fundamento de su manera. Comienza con una marcha poderosa y dominadora, compensada después por el canto lírico, y alterna estos movimientos con las danzas del segundo y el cuarto. Lo más interesante es la interacción de los dos pianos, el diálogo de asociaciones y contraposiciones que actúa sobre densidades, texturas e intercambios de gran brillantez y virtuosismo. La seguridad del trazo, asi como la energía y el optimismo que dimanan del dúo, son inmediatamente contagiosos. Se manifiesta el rescate de la confianza del compositor en sí mismo y la seguridad con que lleva al sonido un sólido sentido de la forma, muy por encima de la seducción ornamental y firmemente arraigado en la constancia de los motivos rítmicos que sostienen la expansividad de los melódicos. Parecen plantillas de acompañamiento, pero levantan el vuelo en la alternancia de los dos teclados, que les da vitalidad y fantasía. La Marcha es contundente, el Vals discurre vertiginoso, la Romanza vuela noblemente sin sombra de melancolía y la Tarantela final afirma su dinamismo en la espontaneidad del acento popular. Son, en definitiva, cuatro momentos de placentera fiesta.

G.García-Alcalde