Crónicas de la Sociedad Filarmónica/“Como conseguir un patio de butacas “bonito y decoroso” según el sabio hacer de Bernardo Melián”..

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Con la candidez y el entusiasmo de los pocos años (aún no pisaba los 30, pero próximo y el orgullo y un algo de suficiencia (era tesorero de la Sociedad Filarmónica), me acercaba a la oficina (trasera del Galdós) a retirar mis localidades para el concierto de turno.
Recuerdo que era de piano,
“ Buenas tardes Bernardo, a por mis dos butaquitas de lo mejorcito que pueda, tirando por la izquierda”.
“Vamos a ver…”
Y como el cirujano que estudia el campo de intervención más conveniente o el estratega militar que diseña y medita donde dar el mazazo que incline la balanza de su objetivo, el bueno de Bernardo hablaba entre dientes, miraba un listado, un planillo…
Hacía unos cálculos y pronunciaba sentencia: “aquí están de las mejorcitas que puedo darle”.
Gracias Bernardo, ¿algo que firmar o deba saber?.
“Nada de particular. No olvide pasar por aquí el día del concierto para el cachet del músico y pagarle en el descanso”.
Y así concierto tras concierto. Hasta que un día, disponiendo de un poquito más de tiempo, la curiosidad almacenada me motivó: “Dígame Bernardo, por favor, acláreme que cuentas y operaciones hace Ud. Cada vez que despacha unas localidades a cualquiera de los socios”.
Verá Usted: “Yo tengo calculado según el intérprete, el día de la semana, el programa, etc. … más o menos, la asistencia. Tengo más que visto y cocido el aspecto de la sala desde el escenario y, no hay nada más feo y desmoralizador para el artista, y desprestigiador para el público y afición de la ciudad, como ver una sala semi-vacía o con lunares muy grandes. Como yo se me y conozco los gustos y “manías” de los socios, mientras “hago que busco”, me tomo mi tiempo y voy acomodando, sobre todo el patio de butacas: dos por aquí, cuatro por allá, dos por detrás, etc. … al final se compone el rompecabezas: cuando el artista levante la vista tendrá “buen ver”.
Razones, pensé y, lo que es más, “profesionalidad astuta y cariño a la entidad”.

Un abrazo Bernardo y siga usted paseando a los 90 y tantos años
Un fuerte abrazo.

Bernardino Correa Beningfield.
Jul/Sept. 2011