Crónicas de la Sociedad Filarmónica/PRIMEROS PASOS DE LA SOCIEDAD.

Extraído del libro “HISTORIA DE LA SOCIEDAD FILARMÓNICA DE LAS PALMAS Y DE SU ORQUESTA Y DE SUS MAESTROS” de Lothar Siemens (1995), (Capítulo 3 / páginas 47 ……. 53).
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Como ya sabemos, el 1 de junio de 1845 se crea la Sociedad Filarmónica. La directiva estaba formada por la flor y nata de las fuerzas vivas de la música de Las Palmas de Gran Canaria, representada por tres generaciones de músicos de prestigio, presidida por el licenciado en Derecho y violinista consumado José Afonso Álvarez. Hay constancia de que contaba con un soporte de socios oyentes para los que se organizaba conciertos sin periodicidad mensual. Por las actas del Gabinete Literario se conoce que ya el 22 de junio pide la recién nacida Filarmónica a esta institución la utilización gratuita de una de sus salas e igualmente utilizar los bancos y atriles del teatro hasta el momento que en que consiguiera los fondos oportunos para poder costear sus propios enseres y ubicación. Aunque no llegaron a un acuerdo, colaboraba asiduamente en el teatro e incluso se ofreció a soportar voluntariamente algunos bailes de dicha sociedad.
Uno de sus objetivos primordiales fue sumarse a la más actual corriente cultural europea y americana de “dar conciertos”, pues hasta ese momento los conciertos se reducían al ámbito de las funciones litúrgicas y teatrales. Parece que por primera vez en la historia de Canarias se piensa en organizar conciertos periódicos puramente musicales. Es por tanto la Sociedad Filarmónica la que comienza a desarrollar la actividad concertística en nuestra población, la puerta abierta al desarrollo de una cultura musical cívica de tipo autónomo.
Mientras se preparaba el primer concierto público inaugural que sería el 6 de noviembre de 1845, los músicos atendían con entusiasmo a la temporada teatral y, quince días antes en el teatro, al gran baile organizado por el Gabinete en agasajo a los marinos norteamericanos de un buque que hizo escala en el puerto. Llegado el acontecimiento se repartió el programa manuscrito por el secretario Agustín Millares Torres ya que carecían de fondos. Precisamente se aprovechaba el concierto para recaudar fondos tan necesarios para mejorar y completar el instrumental entre otros menesteres.
Mirando el programa de este primer concierto, llama la atención el deseo de aquellos músicos de ejecutar la música más actual y de realizar estrenos de autores canarios. Significó todo un éxito y la recaudación permitió que se pudiera alquilar los enseres necesarios y un local propio para ensayos. También pudo financiarse la impresión del programa de mano del segundo concierto, el 16 de diciembre, en el que se atrevieron a interpretar nada menos que la Segunda Sinfonía de Beethoven.
Estos primeros pasos de nuestra Sociedad, en estos tiempos que vivimos, son un ejemplo fehaciente de lo que consigue el trabajo, la pasión y la voluntad.

Jul/Sept. 2012.