Crónicas de la Sociedad Filarmónica/Programaciones novedosas.

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No tengo experiencia sobre la manera de gestionar una sociedad de conciertos como nuestra Sociedad Filarmónica de Las Palmas. Para mí, armar la programación de una temporada me parece una tarea difícil, si se quiere hacer con la inteligencia precisa, pues habría que saber conjugar con éxito tres factores: la oferta disponible, la demanda natural de los socios y una directriz cultural que ofreciera ciertos niveles de innovación.
Mi curiosidad por la música culta actual es irrenunciable, no lo puedo remediar. ¿Cómo vivir en una época de espaldas a lo que sucede en ella? Y esto choca con el rechazo del público hacia la experimentación de nuevos lenguajes que se salgan de la tonalidad y de la consonancia. Una programación a mi gusto sería nefasta y disolvente. No obstante, estimo que en cada temporada habría que incluir un par de obras actuales que, sin pesar más de lo necesario, enriquezcan y confieran contraste y color por lo menos a un par de conciertos.
Porque nuestro público lo que quiere es disfrutar y no sufrir, esto es, sentirse cómodo escuchando música y no desazonados ante lo que no se entiende. Para entender hay que activar ambas semiesferas del cerebro, y para disfrutar sólo una, la más pasiva. Pocos son los que acuden a los conciertos a desentrañar enigmas sonoros con sus cinco sentidos. Normalmente se va a gozar de la música consagrada, y también de la gran destreza y mecanismo de los ejecutantes.
Pero hay también mucha música no consagrada de grandes autores que merecería la pena ser conocida. Es otra opción más grata y edificante: incluir en algunos conciertos obras infrecuentes de autores consagrados. Hay por lo menos dos músicos en la historia consolidada que, de manera excepcional, nos ofrecen una producción muy variada e interesantísima: Carl Philip E. Bach y Franz Liszt. Ambos fueron grandes experimentadores de la forma, unos continuos buscadores de nuevas maneras de articular los discursos musicales. Se ejecuta hoy de ambos muy poco de lo mucho que escribieron.
Liszt tiene ahora su año conmemorativo. Y en la programación de nuestra sociedad se le tributa un recuerdo por medio de un gran artista del piano canario: José Luis Castillo, músico curioso y escrutador de obras injustamente marginadas. Estemos atentos al programa de Castillo, donde podremos descubrir facetas nuevas de ese gran intelectual que fue Franz Liszt. Y aboguemos por conocer cada temporada aspectos inéditos de otros músicos famosos, lo que nos aportará sin duda muchas satisfacciones.

Lothar SIEMENS HERNÁNDEZ.
Oct/Dic. 2011